3 febrero 2021

POEMAS DE LA OFICINA EN EL SIGLO XXI

Inmaculada García Haro


La poeta malagueña Fuensanta Martín Quero ha querido rendir un homenaje a Mario Benedetti con su poemario Poemas de la oficina en el siglo XXI, dado que en 2020 se han cumplido 100 años del nacimiento de este destacado escritor, uno de los grandes autores de la literatura universal. En palabras de la autora: “Por ello y por cuanto me ha aportado como poeta y como persona su obra y, en especial, «Poemas de la oficina», quiero rendirle homenaje con este libro, en una comunicación atemporal que es la poesía.”[1]

Martín Quero cuenta con una trayectoria poética impecable, avalada por títulos como Parajes del silencio (2002), Lugares y figuras (2007), Interludio. Poesía escogida (2011), La esquinas (2014) o La palabra que llega (2020), todos ellos con una cohesión temática aglutinante, al igual que el poemario que nos ocupa. Éste consta de dos partes: Ventanilla única y El regreso, que enmarcan un conjunto de poemas a dos velocidades, una modélica actualización de la obra de Benedetti, Poemas de la oficina (1953-1956), que el escritor uruguayo publicó en la década de los 50. 

Estos poemas, a su vez, encuentran su inspiración en los Cuentos de la oficina (1925) del escritor argentino Roberto Mariani[2], integrante de la Escuela de

Boedo, grupo que destacó por su marcado compromiso social, al igual que Benedetti. Unos años antes Juan Carlos Onetti había inaugurado para la narrativa uruguaya los ambientes urbanos y Benedetti lo amplía. Pero la oficina descrita no es solo un paisaje sino un modo de sentir un mundo con características inconfundiblemente mezquinas: “aquella esperanza que cabía en un dedal / evidentemente no cabe en este sobre / con sucios papeles de tantas manos sucias que me pagan, es lógico, en cada veintinueve / por tener los libros rubricados al día / y dejar que la vida transcurra, / gotee simplemente/ como aceite rancio.”

Poemas de la oficina constituyó el primer gran éxito del escritor uruguayo. Era su octavo libro de poesía y fue un auténtico éxito editorial.  Así lo reconocía el propio Benedetti en una entrevista concedida a Ernesto González Bermejo: “Hasta ese momento publicaba ediciones de quinientos, de mil ejemplares, de los cuales me quedaba la mitad y de la otra mitad, parte regalaba a mis amigos. Que era, más o menos, la situación, no solo de casi todos los escritores de mi generación, sino también de los mayores. Hoy día «Poemas de la oficina» sigue siendo uno de los libros más vendidos de mi producción” [3]

Benedetti no hizo más que reflejar su propio mundo dado que él, antes de ejercer el periodismo, la literatura y la política militante, desempeñó desde muy joven variados puestos y ocupaciones, entre ellos el de oficinista, tanto en empresas privadas como en puestos de funcionariado público; y es que, como él afirmaba, en aquellos años, Montevideo llegó a tener el triple de funcionarios que Londres a pesar de la enorme diferencia en cuanto a número de habitantes, pero eso generaba una gran cantidad de seres humanos formidables que poco a poco se iban “agrisando”. 

Martín Quero actualiza este escenario y para ello se repliega en su estilo preciosista y, en ocasiones “barroquizante” para, sin perder un ápice de su maestría habitual en el uso del verbo, usar un lenguaje más coloquial, tal y como hiciera el escritor uruguayo al que rinde tributo. Es un recurso más, dado que la temática se presta a ello. La autora, así, nos envuelve en la cotidianidad y la rutina, pero no por ello el poemario pierde fuerza lírica sino, más bien, en un proceso inverso, como solo los malabaristas del verso pueden hacerlo, trasciende una atmósfera abúlica y ramplona al universo del parnaso, para reflejar la cosificación de los protagonistas de esta épica gris donde se pierde el nombre y solo se conoce al personaje por su labor o cargo.

Y ese fue el secreto y la causa de que la obra de Benedetti se convirtiera en un éxito dado que estos versos “rompieron con el canon de la poesía uruguaya, al cultivar unos motivos considerados como no poéticos, apostando por las

«menudas anécdotas», hechos triviales, desgracias de poca monta (…) desechos de la literatura «prestigiosa»[4]. La poesía que en ese momento se editaba en Uruguay y Argentina estaba anclada en la tradición, impregnada de un lirismo vacío cuyos temas eran absolutamente ajenos al público de la época. Estaba desfasada y su lenguaje era hermético y demasiado rebuscado. Benedetti trasladó la poesía al día a día, a temáticas que lograron conectar al público montevideano con rapidez, en esa ciudad donde el tango de baila en la calle, cerca de la Ciudad Vieja y se respira un aire porteño por todas sus aceras.

La primera parte del poemario que nos ocupa, Ventanilla única, cuyo título ya refleja la rigidez del sistema, se inicia con el poema El ordenador, donde se demuestra el dominio pericial del lenguaje poético de Martín Quero. La palabra precisa funde en este poema la exquisitez lírica con la fría exactitud del procedimiento. De este modo la autora consigue transmitir el mismo escenario que ya hiciera en la década de los 50 Benedetti de la vida “triste y burocrática del oficinista[5], apoyándose en reiteraciones de vocablos pertenecientes a similares campos semánticos. El uso continuado de la palabra “frío” y sus sinónimos es muy acusado. Así, en el poema El Ciudadano online expresa: “El buzón de correos / pasa todo el día en el Ártico, / desliza sus mensajes / sobre la dura superficie helada / que congela al pensamiento, / lo detiene y lo hace inerte”; que enlaza con la atmósfera deshumanizada que Martín Quero quiere transmitir en esta primera parte del poemario, con estrofas tan descriptivas como la que inicia el poema El ordenador: “Deletrea pulso a pulso la rutina, /bucle incesante,/ reyerta contra el áspid / que el minutero escupe. / No tiene rostro, / solo tacto, tan duro / como un silencio abrupto”; en el mismo poema, aparecen las palabras “gélidos” y “frío”. Idéntica función ejerce la palabra “gris” que en el poema El coleccionista repite varias veces, una aliteración que se potencia en los versos que sirven de colofón, una auténtica metáfora del vacío: “En la puerta un letrero / y en su sonrisa el cargo. / Esa es su alma: un trozo de vinilo / con su nombre grabado.”

Con esta estrofa se vislumbra lo que todo el poemario reflejará sobre las relaciones humanas en estos ámbitos que cuenta con sublimes descripciones como expresa en el poema El portafirmas: “Ellos llegan a mi mesa / a veces en la mañana/ como calladas figuras / casi sin decir palabras, / con una sonrisa amable / amablemente dejada / y unos papeles que vierten / sobre mi desesperanza.” Pero, sin duda, es el poema Perspectiva de la soberbia el que mejor define la deshumanización de este engranaje con magníficas estrofas que definen procesos vivenciales que como boomerangs revierten sobre los personajes aparentemente adaptados al sistema: “Desde arriba todo se ve pequeño, / por eso esa mujer / no quiso ser mujer sino atalaya” y concluye: “No quiso ser persona, / sino atalaya:/ precipicio invertido, / profunda gruta /donde cayó descalza.”

Pero si algo cabe destacar de este poemario es la actualización de la temática respecto al poemario inspirador de Benedetti y, por tanto, hay también en Martín Quero una apertura lingüística hacia estilos más audaces donde el lenguaje se hace más suelto y ligero, más cercanos a paradigmas actuales. En el poema TOC[6] el lenguaje es directo, corto, rápido y casi onomatopéyico: “Lo banal/ lo banal es / lo banal nos envuelve/ lo banal / lo banal llega en letras /Time New Roman /12,11,12,11”. La autora llena también de fantasía las páginas de este libro donde el lector se transporta a un escenario burocrático imaginario en el que se puede encontrar un tigre detrás de una mesa, protagonista del poema Burnout que alude al trastorno que lleva su nombre, consecuencia del estrés laboral crónico, o el onírico poema Un lago en la oficina, donde el agua se convierte en inverosímil protagonista de una imprevisible mañana que rompe la rutina, como si el propio oficinista deseara que ocurriera “algo” que desbaratara la cotidianidad: “Charcos en crecida emergen del suelo / recorriendo pasillos y rígidas estancias ,/ hay mesas sumergidas y expedientes que flotan / con sus palabras muertas y torcidas.”; poema que, a su vez, transmite mejor que ningún otro, la tristeza o la abulia que el oficinista puede vivenciar cada mañana, dado que el “lago” se conforma con sus lágrimas: “Y de pronto sus ojos / son dos compuertas clausurando / remolinos de agua a borbotones”.

En la segunda parte del poemario, El regreso, establece una ruptura con el ámbito espacial introduciendo Florencia, lugar del que el/la burócrata regresa de vacaciones, como la antítesis del frío escenario anterior con un preciosista juego de palabras contrarias: “Abrí mis brazos / en el cálido aire del verano: / aspas en vuelo, / en una ciudad cuya piel es mármol, / contorno voluptuoso y bello, / exhalación sublime de la historia.”. El oxímoron establecido entre los vocablos “cálido” y “mármol” humaniza el tono narrativo de esta onírica odisea en el que encontramos poemas como El parque o Junto a mí. En el poema El teclado, donde hace una sublime comparación con la música, el lenguaje vuela como si sus dedos tocaran las teclas de un piano, una de las aficiones de esta polifacética autora: “Me atropella la inercia / y el duro raíl / por donde circulan las palabras. / Velozmente/ leo, pulso letras. / No escucho. / Mi índice toca “h” y no es un “do”.”

El sentido de compromiso de Martín Quero queda avalado con su pertenencia a movimientos como el Grupo de Autoras por la Literatura y las Artes (Grupo ALAS) y Humanismo Solidario, así como con poemarios como éste, Poemas de la oficina en el siglo XXI, un intento más de vindicación de los valores intrínsecos del ser humano en el entorno burocrático, tal y como lo hicieran autores como Kafka en El proceso, Gloria Fuertes, etc.

En definitiva, nos encontramos ante un poemario que continúa la senda abierta en lengua castellana hacia lo cotidiano, lo humanista y el compromiso, heredera de Antonio Machado, de la Poesía de la experiencia y de la corriente de la Nueva sentimentalidad que ha desembocado en corrientes literarias como Poesía ante la incertidumbre, pero siempre con el sello inconfundible de una poeta grande que, incluso cuando lo intenta, no consigue banalizar el lenguaje. Eso sería su antítesis.

          

Fuensanta Martín Quero

Poemas de la oficina en el Siglo XXI

Edit. Círculo Rojo, (Almería -España-, 2019)

 

 

 


[1] PREFACIO de la autora a la primera edición de “Poemas de la oficina en el siglo XXI” (Edit. Círculo Rojo, 2019)

[2] Ruffinelli, J. “La poesía de Mario Benedetti: Balance provisorio”.

[3] González Bermejo, E. “Con Mario Benedetti”, Casa de las américas, La Habasna, 1971. Pag. 148-149

[4] Ibáñez Quintana, J. “Poemas de la oficina: la poesía burocrática de Mario Benedetti”. Espéculo. Revista de Estudios Literarios. Universidad Complutense de Madrid, 2010.

 

[5] Idem anterior.

[6] N. de la A: probablemente Martín Quero aluda con este título, TOC, al Trastorno Obsesivo-Compulsivo dado que se corresponde con sus siglas, enfatizando las consecuencias nocivas que las condiciones de trabajo pueden tener para la salud como auspicia en otros poemas como Clautrofobia, Burnout o Mobbing.

 

 

 

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