20 diciembre 2020

SIEMPRE. UNA POÉTICA DE LA FELICIDAD

Ramón Martínez López


Pocas veces un poemario ha tenido un proceso de gestación tan claro y articulado. Y es que este conjunto de versos, Siempre, es fruto del trabajo poético de un año laborioso y efectivo.

Así es, desde su estructura tripartita en bloques temáticos, amparados por un único hilo conector, el amor en sus diferentes vertientes y variantes: la paternidad, la persona amada y la búsqueda de la felicidad.

En este sentido, José María Sánchez Aranda ha construido un corpus lírico experiencial, cuyo primer eje simbólico es la paternidad y todo lo que ella significa como desencadenante de la felicidad.

Precisamente este es el título que da vida a los primeros 13 poemas que configuran la primera parte del libro. Y que ya desde el principio nos abre las puertas de la poética arandiana con el poema Siempre, que a continuación reproduzco por la claridad de su expresión y por la ejemplaridad del mismo:

Nunca el cálido azul llenó tanto un alma,

ni una bella sonrisa fue tan afable.

Nunca una caricia generó esa calma,

ni un abrazo fue tan entrañable.

Nunca mi destino estuvo en otras palmas,

ni mi corazón en un regazo tan amable.

Sí. Siempre te quise, incluso antes de pensarte.

El amor es anterior incluso al pensamiento. He aquí la grandeza del amor paterno filial que se hace aún más efectiva y nítida en el poema La grandeza de las pequeñas cosas, donde tanto las minúsculas pisadas como las fragancias incrustadas en la memoria hacen latir el corazón del poeta.

En esta misma línea encontramos el poema Felicidad, Bendito caos o Paternidad.

Y es que Sánchez Aranda ama con tal intensidad que sus “tejidos parecen descarnarse de sus huesos”.

Ahora y sólo ahora el número tres es la suma exacta de una felicidad compartida, porque:

Uno, solitario, desasistido…

perdido hasta que encontró al dos,

número redondo que el amor unió

círculo perfecto, geometría indivisible…

Dos, pensado como inmejorable

e inalterable hasta que llegó el tres

colmando de eterna dicha.

En este mismo sentido, se suceden poemas como Tu viento, Permíteme ser feliz, Eterno en ti, Sonrisas que dan la vida, Me das vida, Para Siempre y Perderme en el tiempo.

Poema, este último, que da paso al segundo bloque: Seremos eternos, constituido por 29 poemas de desigual extensión, donde la figura de la persona amada es eje nodal y fuente de inspiración.

Así, y sólo desde la perspectiva arandiana, la amada es ciudad donde vivir y perderse. Temática planteada en el primer poema de esta serie: Ciudad eterna.

O es poema o verso como podemos atisbar en La métrica. También es contienda en Dulces batallas. Deseo infinito en Sin miedo. Diosa a la que rendir pleitesía, claro homenaje al amor cortés, en Creyente. Geometría perfecta en Ciencia imperfecta. Vergel en Mi desierto. Duna de piel canela en Oasis. O todo un  mundo por descubrir en Universo.

En suma, la amada como única fuente de vida para el poeta que no puede sino transitar por ese territorio donde la felicidad habita sin resistencia alguna, como podemos observar en Volverte a ver, poema con el que se cierra esta serie y cuya última estrofa transcribo, como prueba irrefutable de lo dicho:

Y con sólo una mirada haces tuyo mi deseo

rompiendo cualquier resistencia que sin fe entretejo,

me abandono a tu fragancia, tus lunares y guiños

rogando al amanecer que se pierda en el camino.

Y, casi por arte de magia, el poeta nos traslada desde el amor a su hijo al amor a su mujer para, inmediatamente después, llevarnos al mundo de la reflexión y el pensamiento con una tercera parte inesperada pero necesaria.

Así nace Si se muere la esperanza y los veinte poemas que la vertebran. Una suerte de introspecciones donde el poeta sabe que no puede tocar el cielo, hecho que no le importa porque es consciente de que ya vive en el paraíso.

El tema del egoísmo, con clara influencia del poeta José Hierro, es la base del poema Humanos.

La alegría como catalizador interior. La lluvia que inunda las emociones. La palabra como refugio del inconsciente. La poesía como aliento frustrado y ejercicio inacabado. La seriedad de la vida, en claro recuerdo a Gil de Biedma. La escritura como instrumento para acercarse al lenguaje del corazón.

En suma, la poesía al servicio del amor y la felicidad por si acaso se muere la esperanza:

Si se muere la esperanza

que nos pille habiendo navegado

entre millones de besos.

Si se muere la esperanza

que nos sorprenda regocijados

en miles de abrazos.

Sí, si se muere la esperanza

será que el camino ha acabado

pero no me dejes, recógeme

y recuérdame que la vida es vida

porque la vivo a tu lado.

 

 

“Siempre”

José María Sánchez Aranda

 

 

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Manuel Gahete.

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