28 septiembre 2019

El espejo curvo, de Antón Chéjov

Pedro Luis Ibáñez Lérida


La editorial Austral nos ofrece en Primeros relatos una auténtica e inagotable veta literaria. Su lectura es un viaje a la percepción menos advertida pero más esclarecedora del ser humano.

COTIDIANIDAD REVELADA. La literatura aguza el oído en el tiempo. Con cierto afán trasluce ese misterioso enigma que el alma humana condensa. En realidad es la demostración de un acto de fe. ¿Cómo concebir si no las narraciones, que primero fueron orales, en la práctica intemporal sobre la misma naturaleza y la condición que profesa? En ese repositorio, la palabra escrita es testimonio del  hilván deshilachado que es la vida, en la que solo la calidad literaria de su ejercitante repara para hacérnosla tan consecuente como objetiva.

PRIMEROS RELATOS. Con explicativa introducción de José María Valverde y traducción y notas de Augusto Vidal, la editorial Austral pone en manos del lector, un magnífico volumen de Antón Chéjov que recoge sus primeros cuentos. El mismo autor ruso los seleccionó de entre los publicados entre 1883 y 1885. Y es significativo indicar que entre 1882 y 1887 su número ascendió a seiscientos. En aquellos primeros escarceos en los que firmaba con múltiples seudónimos, el abono de su creación correspondía a ocho kopep por línea manuscrita.

EL ESPEJO CURVO. CUENTO DE NAVIDAD. En el asomo a la celosía que deja entrever la actitud humana, este primer cuento posee la gravedad de lo irreconocible en su familiaridad. Chéjov nos conduce a la decadencia de una estirpe. Se nos presenta en una pareja, que retorna a la mansión abandonada de los antepasados del esposo. La atmósfera es sobrecogedora, fantasmagórica, recrudece la sensación de grima. A través de la influencia perversa de un espejo con aparentes propiedades mágicas, la locura se adueña de ambos, al igual que años antes lo fue de la bisabuela. El tinte de la narración abunda en la identidad perdida y en la imagen novedosa y artificial, derivada de esa visita desafortunada que despierta el carácter diabólico de ese objeto común que nos interroga. El subtítulo, Cuento de Navidad, adiciona un leve soplo ecuménico como si hubiera una lección que aprender o una exhortación que sugerir. No son tales. Existe una mirada  ante el desencanto del ser humano que agonicamente trasluce su insatisfacción.

RECORRIDO POR LA ANATOMÍA CUENTÍSTICA. Este primer avistamiento sobre la obra tendrá otros tantos. Secuencialmente los textos irán apareciendo en próximas semanas. Su exquisita y emocionada lectura contrae la honesta deuda de la reflexión literaria. Aquel nieto de un siervo que compró su libertad, dejó un rastro indeleble: la naturalidad de la vida enmarcada en el complejo laberinto del espíritu humano y sus desafecciones.

 

 

 

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