3 septiembre 2019

Impresiones. La voz de Juan Rejano entre páginas de Ánfora Nova

Ana Herrera


¿Qué dirías si te preguntaran qué sientes cuando la revista literaria Ánfora Nova acaricia tus manos? Yo diría que siento una emoción inmensa, que en varias ocasiones la he tenido entre mis manos y mi emoción sigue creciendo.

Esa manera sublime de acercar la literatura a los lectores rezuma un cariño que no es en absoluto incompatible con la calidad y la belleza de la edición y con la no menos calidad de los estudios realizados por investigadores que nos ilustran con sus textos científicos llenos de rigor y amor por lo que hacen. Cuando además pone ante nuestros ojos la voz de escritoras y escritores inscritos en las hojas del olvido y que han visto la luz de la vida en Andalucía, nuestra Andalucía, nuestra tierra, el corazón vuela entre palabras.

Juan Rejano. Tras la Nostalgia y el Recuerdo es el título de la revista Nº 113-114, editada en Rute, 2018, bajo la dirección de José María Molina Caballero y coordinada por Antonio Moreno Ayora, quien lleva a cabo la presentación de esta edición centrada en la figura del poeta y periodista pontanés Juan Rejano, así como una semblanza de su vida y de su obra. Realiza también Moreno Ayora una selección lírica de sus poemas publicados y otros de carácter inédito conocidos tras la muerte del poeta. He aquí esta estrofa magistral de “La tarde” (1976): “Vivo esperando el rayo que ha de abrirme / la ciudad donde quiero retornar al olvido, / la ciudad sin murallas ni cadenas, / abierta, abierta siempre, como la luz y el aire”. En estos versos se acerca a las raíces, como afirma Albert Torés García en páginas más adelante. Continúa el trabajo del profesor Moreno Ayora en el capítulo “La correspondencia epistolar ‘no literaria’ de Juan Rejano”, en cartas de carácter político – entre ellas, una enviada a Dolores Ibárruri, la Pasionaria, otra recibida de Rafael Alberti, y ambas con texto o caligrafía original-, y aquellas que se refieren a asuntos diversos, aportándonos comentarios y fragmentos de dicha correspondencia en este preciso ensayo. Caminar por estas páginas me ha hecho revivir momentos de gran intensidad vital y literaria, como aquellas tardes calurosas de un mes de agosto años atrás, cuando con grabadora y pluma en mano, aprovechando los días de vacaciones, visitaba las casas de las personas más ancianas de Campillos recopilando información sobre sus vivencias durante la Guerra Civil española para mi novela Hasta que los muertos lleguen al cielo. Todos tenían entre ochenta y más de cien años. El más anciano contaba con ciento dos años de edad. Murió dos semanas después de mi entrevista, pero su mente fue lúcida y enérgica al contarme su realidad de lo vivido. Episodios como el que nos relata la carta recibida por Juan Rejano, durante su exilio en Méjico, en la que recibe una petición de su amigo para que ayude a un sobrino en aquellas bárbaras horas de huida para tantos y tantos españoles, formaban parte de la realidad cotidiana de nuestros pueblos: “Como los fascistas fusilaron a su padre durante la guerra de España y él es el hermano mayor, es como jefe de la familia y tiene muchos hermanos. Uno de ellos está preso en España, y su madre, hermana mía, ha estado presa varios meses. En esta situación es muy importante que él esté aquí para que pueda atender mejor a la familia”.

Investigadores como Fernando Arcas Cubero y Luis Sanjuán Solís de la Universidad de Málaga nos conducen por el capítulo “El periodismo de Juan Rejano en la II República”.  Comienza Rejano su andadura periodística en el Madrid de los años finales de la Dictadura de Primo de Rivera. Poco después, en Málaga, publica sus columnas y ensayos en los periódicos Amanecer y El Popular, máximos representantes del republicanismo malagueño. Nos ilustran los investigadores con “Cinco textos del periodismo de Juan Rejano”, relativo a sus impresiones sobre lo que ya se avecina, la huida, sus afinidades y discrepancias con el teatro lorquiano de La Barraca y el de los Álvarez Quintero, una carta a Lorca, y un artículo donde observa la gravedad de la situación social en España y llama a los malagueños a la serenidad. Es en esta época de andadura difícil cuando toma contacto con el grupo de intelectuales de la generación de Litoral. Resulta de gran tristeza un suceso de su biografía, cuando tras la muerte del dictador Franco, corriendo el año de 1976, Rejano muere justo antes de su regreso a España. La historia de las guerras crueles, de los largos exilios, de los sueños incumplidos, nos acechan tras las puertas sin importar los lugares o los siglos. Me viene a la memoria la historia del famoso poeta Ibn Zaydûn de Córdoba, que tras su exilio de más de treinta años en Sevilla al amparo del rey poeta Al-Mutamid, pretendía volver a su querida ciudad cordobesa para reencontrarse con su pasado y con Walläda, su amada princesa. Fue entonces cuando vendió su casa, se llevó la mano al pecho y murió.

Un capítulo que también ha llamado mi atención poderosamente es el presentado por José María Balcells, de la Universidad de León, quizás por lo que tiene de extraño y exótico el andar por tierras lejanas. En “Juan Rejano: diario(s) de China” nos adentramos en el diario personal en prosa y en un libro de poemas inconcluso resultado del viaje del poeta a China en 1959. Sus experiencias aparecen relatadas en una libreta de anillas, con las fechas cuidadosamente anotadas de los días en los que transcurrió el viaje, con un estilo escueto, breve, detallista, con algunas tachaduras y palabras abreviadas, como nos resalta el investigador José María Balcells. En su recorrido, se encontraba acompañado de algunos amigos y de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, como ponen de manifiesto las distintas fotografías que acompañan a los textos de esta revista. El “Diario” recoge poemas sin referente local, poemas a Xian, hitos comunistas y el dedicado a Qu Yuan en el lago Donghu. Este último, el más extenso, está inspirado en la figura del ministro y poeta clásico Qu Yuan, quien, desesperado, al comprender que los invasores se apoderarían de su reino, se arrojó a la corriente del río Milvo. En él se escenifica, según afirma Balcells, “en las orillas arboladas del Lago del Este, en un atardecer de otoño, un monólogo dialógico del viajero con una esfigie de Qu Yuan”. He aquí un hermoso fragmento del citado poema: “Tú contaste las lágrimas más tristes de tu pueblo, / cuando peregrinabas como un viento apacible, / y por eso tu canto aún tiene en cada aurora / un amoroso coro de rocío”.

Manuel Gahete Jurado, presidente de ACE Andalucía, nos presenta, bajo el título “Sensualidad y erotismo en la poesía de Juan Rejano”, una reseña biográfica del escritor, al tiempo que centra su atención en un brillante análisis de su poética. Su producción literaria, nos dice, estará marcada por el exilio, en otras palabras, “por la nostalgia y el destierro”, tanto si asume una posición “solidaria y militante, como si se adentra en un universo contemplativo y soñador”. La poesía amorosa en metros cortos lo acerca al neopopularismo del 27, recuperando la tradición lírica española. También se asoma al soneto y el arte mayor. Pasan por estas páginas la nómina de sus obras, de las voces críticas que lo han estudiado y de los intelectuales más considerados del momento -a los que le unió una gran amistad y quehacer artístico-, junto a una bella selección de sus poemas, como “El jazmín y la llama”,  donde afirma Gahete  que “el éxtasis de los enamorados alcanza el cénit de la pasión erótica, esa zona imprecisa que no distingue entre Eros y Tánatos, entre la luz y la sombra, entre la nieve y el fuego”: “Condenados a ausencia y a distancia / nuestros cuerpos se buscan / desesperadamente / después de haberse amado poro a poro. / (…) / Los brazos no sirven ya para quererse”.

El siguiente estudio pertenece a Francisco Ruiz Noguera, de la Universidad de Málaga: “Juan Rejano, entre las generaciones del 27, del 36 y el exilio”. Se trata de una revisión de las distintas voces críticas y de las diferentes antologías y ediciones que han recuperado la obra del poeta pontanés, analizando las causas de su inclusión y exclusión en los trabajos antológicos citados, la más importante de todas su condición de exiliado en Méjico durante tantos años: “Hay -en lo histórico-literario y tal vez por un exceso de rigidez metodológica a la hora de aplicar el criterio generacional- una especie de desubicación de la figura de Rejano: jugó en su contra la publicación tardía de sus poemas y la lejanía de la patria”, afirma el profesor Ruiz Noguera. La gran nómina de intelectuales y ediciones de la época que se nos ofrece es ingente.

“Juan Rejano, poeta necesario entre esperanza y exilio”. Con este bello titular nos presenta su ensayo el poeta y profesor Albert Torés García. En él se nos resalta la figura del gran escritor comprometido con la corriente del Humanismo Solidario. Nos da muestra el profesor de la enorme producción en prosa, narrativa o ensayística, durante el exilio, que responden a esa actitud humanista solidaria, y a la condición de poeta filósofo en esa generación exiliada. Se sigue presentado la producción literaria de Rejano con análisis exhaustivos y fragmentos de su obra. El número de escritores abrigados por esta corriente de compromiso es igualmente voluminoso. “Con La tarde de 1975 (…) Rejano registra su testamento poético (…) hacia la gran puerta del Humanismo solidario tal es la esperanza” en palabras de Albert Torés.

Se cierra este inmenso trabajo de Ánfora Nova con un apéndice donde se publica una carta del archivo personal de Mariano Roldán sobre la edición de “La mirada del hombre”.

Asimismo, es preciso resaltar las magníficas ilustraciones a todo color de Pedro Roldán, Antonio Quintana, Ginés Liébana, Marta Campos, Luis Manuel García Cruz y Antonio Kordón. Y es esa conjunción de maestría académica y artística la que nos presenta a esta revista literaria con el sello de Mecenas de la Literatura Andaluza, premio concedido durante el presente año de 2019.

Durante la lectura he sentido el dolor de la muerte, el dolor de la guerra, el dolor del exilio y las ausencias, conjugados con la grandeza del compromiso, de la esperanza y de la belleza poética, y es por tal razón que pongo fin a esta reseña con la luz de la palabra:

            “Hay momentos solemnes en los que solo se puede guardar silencio.

             Luego, ese silencio se rompe en la búsqueda de una nueva esperanza”.

                                              Ana Herrera: “El camino” en Pájaros de nieve.

 

            “Si te vas, mis ojos no verán la madrugada.

             Quédate conmigo, amor, hasta el ocaso infinito de mis labios”.

                                                 Ana Herrera: Inédito.

 

 

 

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