11 agosto 2019

PRESENTACIÓN EN MELILLA DEL LIBRO “ENTONCES EMPEZÓ EL VIENTO”, DE JOSÉ MARÍA GARCÍA LINARES



El pasado 26 de julio tuvo lugar, en la Sala de Conferencias del Real Club Marítimo de Melilla, la presentación de Entonces empezó el viento, obra del poeta melillense, afincado en Tenerife, José María García Linares.

Tanto la presentadora, Encarna León, como el autor, ambos miembros de ACE-A, en sus palabras de inicio expresaron su reconocimiento y admiración hacia el profesor José Luis Fernández de la Torre, autor del prólogo, fallecido en enero de 2018, por tratarse de un entrañable amigo y persona influyente en el caminar literario de los dos autores que participaban en el acto.

Entonces empezó el viento consta, de un interesante prólogo, ya mencionado y de tres apartados que se corresponden con la soledad, la palabra y Melilla, elementos que se significan a lo largo de toda la obra. A modo de ejemplo unos versos del poema “Centenaria soledad”: […] “Cuando arrase la lectura este poema / y contemples mi reflejo en el vacío, / no dejes que el olvido me triture. / Vuelve a mí, a mi palabra, / a esta centenaria soledad / siempre a la espera”.

 Entonces empezó el viento lleva una cita inicial de Fernando Pessoa que lee: “Siempre fue así mi vida, y así es como quiero que pueda ser siempre” y a continuación José María nos indica que él quiere ser: “Palabras / ordenadas en poemas, / una vida de papel. / Una hoja que respira”. Ciertamente el poeta se identifica en la escritura y la necesita para vivir y comunicarse. No se reconoce de otra manera ante la vida. Hay en los versos de este libro una constante presencia de García Márquez y sus Cien años de soledad, así como la evocación de algunos de sus personajes.

Los poetas que abandonan por distintas razones la tierra que les vio nacer, sienten en ocasiones una añoranza por el terruño, por el tiempo feliz de una infancia. Son las raíces, la tierra, la ciudad, García Linares vuelve a ella a través de los versos con los que va confeccionando poemas de encuentros, vivencias, nostalgias que anidan muy vivas en algunos lugares de su Melilla, lo hace desde las dos orillas, la de su infancia melillense que conforma el pasado y la orilla canaria de su realidad actual, y así escribe: ”Ya no hay ley que oprima mi memoria / ni lava que calcine aquellos sueños”.

A través de los poemas el poeta va transmitiendo sus deseos de comunicación, sus propias reflexiones personales sobre el mundo y lo que le rodea, con hermosas imágenes poéticas y originales metáforas. Algunos ejemplos: “No hay recuerdos / en las canciones de la lluvia”; “Vivir siempre es perder, / como pierde un pincel / su gota de locura” o “Sabe a verde la brisa… Con ellas, con estas imágenes va mostrando los escenarios de sus vivencias. Habla también de bazares, mareas, gaviotas, vuelos, mares, rocas…, y nos dice: “Quiero dejarte un mundo / cargado de palabras y relámpagos”.

Como resumen de esta primera parte podemos decir que, en ella, encontramos la fuerza de la voz de José María García Linares para comunicar universos con un cromatismo de versos, expuestos mediante la palabra como vehículo de amor y conexión con la naturaleza y los hombres; deseos de construir un nuevo mundo lleno de palabras con matices que, a veces, arrastran felicidad o desolación.

A lo largo de todo el poemario y más expresamente en el capítulo intermedio, “Murmullo de geranios antiguos”, se ofrece un homenaje a la palabra en sí, José María quiere permanecer en ella, quiere estar dentro del libro, de sus palabras y así se reafirma en los versos que leen: “Soy una vida de papel / una hoja que respira”. En el poema “Los manuscritos” dice: “Busco la luz o las palabras / para encender el mundo, / hacer de lo lejano una morada, / un texto oxigenado y habitable”. Y es que, efectivamente, la palabra lo es todo, es algo fundamental en toda relación y memoria. Ya lo dijo Manuel Gahete, en el preámbulo de La luz impasible. Álbum de paisajes, “[…] solo la palabra persiste tras la nada […]”, “[…] Porque la palabra salva incluso hiriendo […]”.

La tercera parte, bajo el título “Espejismos”, está dedicada a Melilla, a la infancia, memoria del autor. En su primer poema, “La Fundación”, José María expone, en un hermoso y largo poema, los orígenes de Melilla como ciudad española, una hazaña hoy olvidada por muchos. Lo hace utilizando palabras muy significativas como riscos, sirenas, galápagos, luna, barcos fondeados, débiles antorchas… También se duele del olvido de estas raíces cuando escribe: “hemos olvidado nuestro ayer”, “son los pájaros del mar / los que conocen las verdades / de los buques malheridos” o cuando afirma contundente: “Solo en el origen / se encuentra nuestra esencia”

Y para rubricar con fuerza, Entonces habló el viento, el poeta melillense nos susurra amablemente al oído y pronuncia:

“Lo que soy / es un recuerdo / que una vez /tuve de niño”.

 

 

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Manuel Gahete.

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