1 julio 2019

CON EL POETA MIGUEL ÁNGEL CURIEL NÚÑEZ

Encarnación Sánchez Arenas


Con su obra Mal de altura  (2006) pervive todavía un tono de desencanto e impotencia, de derrotas con un peculiar fraseo entrecortado. Ese dolorido sentir se extendió hasta Los Sumergidos (2011), y giró con la moda variada en los aforismos de Luminarias (2012). En ellos la nada le acosaba. Fue depurando ese agonismo walseriano con urgencia, y todavía en Trabajos de purificación (2014) perviven el desánimo y la falta de esperanza. Así Miguel Curiel se sitúa como un outsider .

         Ciorán, Valente, Walser, Doce, el poema en prosa o proema de la modernidad española, que no dejan de ser un testimonio vacuo, de quien busca la página en blanco, el silencio.

         Con motivo de Astillas (2015) refleja un tristear sin variaciones, desbordado de heridas. Su capazo obsesivo de desánimos viene repleto de la palabra derrota y el sustantivo intimismo. Con poemas como “Trasmoz”, “Tórtolas”, “Tierra”, “Silvaronco”, “La nube”, “Las sendas del bosque”, etc., cada verso descompone al sintagma nominal del sintagma verbal, o descompone al verbo copulativo de su atributo, es decir, hace también de los versos sus astillas.  Así un solo complemento del nombre puede ser un verso, como un solo complemento circunstancial puede ser otro, e incluso un único verso es su único atributo del verbo copulativo. Así los versos se sobreponen existencialmente con una visión empática de las cosas, un descubrimiento de la realidad en la aparición concreta y súbita de los entes: / La hierba entra, / no sale. / El bulbo es / el ojo cerrado / en el amor de los otros /.

         Esta moderna poesía barroca, desnuda pero barroca en su doropel pesimista, sufre la vida como pesadilla no calderoniana sino impotente, incapaz del sueño de la vida.

         Según Daniel Bernal Suárez con el poema “Lance”, de Hacer cielo, y que también antóloga Rafael Morales Barbas en Poéticas del malestar, la tensión de la muerte  tira como el sedal de la vida. Siendo una tensión que no quiere romper el hilo, sino mantenerlo suspendido. No sin decir que son sus poemas en prosa, el plato fuerte de este libro. Para Raúl Campoy Guillén en Hacer hielo, Curiel llega a una profundidad inhóspita e idiopática mirando al frente, sin refugiarse en el hermetismo que algunos poetas cubren con su falta de profundidad y autenticidad.

         Rafael Morales Barba antóloga seis poemas de El Agua, poesía 2002-2012. Esta obra no es una recopilación, a pesar de las fechas de la portada: es una reescritura de una etapa poética, que esencializa la forma y el contenido con realidades esenciales como el agua, la tierra, el aire, los pájaros. Para Curiel, como Heidegger, el pensamiento y la filosofía es poner en claro el mundo, desocultarlo, la identidad  entre lo oculto y lo visible es lo que hace que lo oculto no se nos muestre como tal, es el poeta el que debe sacar a luz el sentido de lo oculto,  la palabra se vuelve sobre sí misma y asistimos al acto de nombrar y nombrarse,  al nacimiento de la palabra, de un desvelamiento.

 

PUBLICADO EN DIARIO JAÉN SUPLEMENTO DOMINICAL LA SEMANA.

DOMINGO 12 / 5 / 2019

 

 

 

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