23 septiembre 2018

LA CENIZA DE TU NOMBRE

José Sarria


La ceniza de tu nombre, obra del malagueño Jorge Villalobos con la que ha obtenido el reconocimiento como “Ópera Prima” del Premio de la Crítica de Andalucía, fue escrito a la edad de 20 años, siendo precisos diez para concebirlo (desde la muerte de su madre) y dos para materializarlo.

El dolor, su significado último, se erige como piedra angular de la construcción lírica, en la línea de lo que nos ha enseñado Paul Valéry, cuando afirmaba que los poemas son un intento de expresar, con palabras, lo mismo que dicen los gritos y las lágrimas.  

El volumen, organizado en dos libros independientes (“Libro primero” y “Libro segundo”), va a plantear un recorrido existencial, sustentado desde la construcción de un campo semántico transversal que converge, irremediablemente, hacia el sentido final del texto: la comprensión, o quizás, la asunción del dolor humano, como elemento nuclear y la afirmación vital frente a la desaparición por la pérdida de aquello que un día amamos.

Escribía el poeta, Fernando Valverde, este intenso alejandrino: “Podéis mirar el mundo a través de mi llanto” (del poema “Playa de San Cristóbal”) y así es cómo, en la poesía de Villalobos, el lector va a alcanzar otras orillas, otros archipiélagos, a través de su visión en unos poemas que hablan de la percepción del dolor, de su alcance y naturaleza, que significa para nuestro poeta una forma de maduración y crecimiento personal. Desde el primer poema, “Elegía a Carolina Portalés”, tímpano catedralicio con el que se abre el texto, sentida elegía dedicada a la madre fallecida cuando el autor era aún un adolescente, donde leemos: “Si pudiera olvidarte,/ presenciar las cenizas de tu nombre y no arderme …/… Un hijo sin su madre no es un hijo”, hasta el último poema, “La ceniza de tu nombre”, que da título al poemario y que cierra con estos ciclópeos versos: “La lluvia más humana es la palabra. / Aunque nos despidiéramos del todo / llevo tu nombre escrito en la garganta”, el recurso de lo memorístico se constituye en palanca con la que poner en movimiento su propuesta poética. Ausencia, dolor y recuerdo, convergirán en la poesía de Villalobos hacia el lugar común de la memoria, para hacer posible el milagro, tal y como escribió Jaroslav Seifert: “recordar es la única manera de detener el tiempo”. Desde ese mecanismo empleado por Villalobos para anular el conjuro del destino, la madre regresa al niño que ha tenido “a su padre sollozando entre los brazos” con el “hambre de ser hijo”, en un diálogo que se extiende más allá de los límites que establece la muerte.

Cincelado con una templanza rítmica que confiere al texto la eufonía necesaria con que acompañar la voz poética, el lector descubrirá precisos endecasílabos y alejandrinos, cuando no un espléndido discurso versicular, que armonizan en una voz singular sustentada sobre un lenguaje claro, audible y preciso.

La infancia, verdadera patria del hombre, al decir de Rilke, es el lugar al que Villalobos dirige su mirada como espacio escenográfico desde el que empezar a asumir su presente, con un talento extraordinario para contar historias,  emergidas a partir de un 10 de junio (fecha simbólica que cobra especial valor lírico) por donde transitan familiares y amigos, presentes o recordados, personajes transformados en nosotros mismos, haciendo posible que nos identifiquemos con ellos de tal manera que nos lleven, también, a nuestros recuerdos y nos sanen y nos salven. Su relato, testimonio plenamente estético y perdurable, no es un fragmento de la vida del autor, sino que se presenta a modo de realidad transfigurada, universalización imprescindible en la labor de todo buen escritor, que le faculta para convertir lo particular en general.

La ceniza de tu nombre es una magnífica obra, una afirmación vital ante la muerte y el dolor, un fiel reflejo de la continuidad de la existencia en la búsqueda de lo sagrado que se alcanza en las terrazas de una madurez en la que ha eclosionado el amor frente al dolor, la esperanza frente al miedo, y la libertad como bandera de la existencia: “Yo soy mi rumbo, y mi libertad dicto …/… Aquí sigue mi voz inconquistable. / Aquí mi libertad, justo en el pecho”.

Poesía esencial, tallada con arquitectura sólida, bien cincelada, de lenguaje limpio y cuidado, intensa y emotiva, que nos presenta a Jorge Villalobos, un poeta en marcha, digno emisario de lo mejor de su generación, que testimonia el rigor, la seriedad y la vocación poética. Jorge Villalobos se constituye en la esperanza, en el gallardete que señala el camino para otros muchos jóvenes poetas y en el baluarte que nos ampara ante la mediocridad del nuevo pasatiempo bucólico al que muchos juegan, en un intento subversivo por convertir la auténtica poesía en hojarasca. 

Por ello, es muy de agradecer que el jurado del Premio de la Crítica Andaluza haya reconocido, por unanimidad, a Jorge Villalobos, con el Premio Ópera Prima por su libro La ceniza de tu nombre, marcando, con nitidez, la línea que segrega poesía y talento poético frente al tosco entretenimiento o la simple pantomima.

 

JORGE VILLALOBOS

La ceniza de tu nombre

Valparaiso Ediciones, 2017

 

 

 

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